Día 6: Novena a María Auxiliadora

María Auxiliadora Novenas

Reflexión para el sexto día:
Confiad en María Auxiliadora
Una historia sobre la total confianza de Don Bosco en los cuidados maternales de Nuestra Madre María.
San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor a María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen:
¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido… ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?.
Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:
Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.
Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.
Está bien; obténgame siquiera un alivio, y a fin de año se las daré.
Es que yo las necesito ahora mismo. El enfermo cambia con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a don Bosco, le dice:
—¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unas cédulas ¡ya ve!, es imposible.
—No, señor, es muy posible replica don Bosco mirando su reloj. Son las dos de la tarde… Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora.
—¡Este hombre está chiflado! —Protesta el viejo entre las cobijas—, hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que me levante? ¡Imposible!.
—Imposible para usted, pero no para Dios… ¡Ánimo! Haga la prueba.
Al rumor de las voces han acudido varios parientes, la habitación está llena. Todos piensan de don Bosco lo mismo que el enfermo: que está chiflado.
—Traigan la ropa del señor, que va a vestirse —dice don Bosco—, y hagan preparar el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros recemos. Llega el médico.
—¿Qué imprudencia está por cometer señor mío?
Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; se arroja de la cama y empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don Bosco.
—¡Cochero, al Banco Nacional!
Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil liras.
 
Novena a María Auxiliadora, recomendada por San Juan Bosco

  1. Rezar, durante nueve días seguidos, tres Padres Nuestro, Avemarías y Glorias con la siguiente jaculatoria: “Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento del Altar” y luego tres Salves con la jaculatoria: “María Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros”.
  2. Acercarse los Santos Sacramentos de Confesión y Comunión.
  3. Hacer o prometer una limosna en favor de las obras de apostolado de la Iglesia o de las obras salesianas.

 
Oración:
¡Oh María! Virgen poderosa grande e ilustre defensora de la Iglesia, singular Auxilio de los cristianos, terrible como un ejército ordenado en batalla, tú sola has triunfado de todas las herejías del mundo,
¡Oh Madre! En nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo y en la hora de la muerte llévanos al Paraíso. Amén.
 
San Juan Bosco decía:
“Tengan mucha fe en Jesús Sacramentado y en María Auxiliadora y estén persuadidos de que la Virgen no dejará de cumplir plenamente sus deseos, si han de ser para la gloria de Dios y bien de sus almas. De lo contrario, les concederá otras gracia iguales o mayores”.
 

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